Eduardo Rovira, el autor del tango del futuro en La Plata

Eduardo Rovira, el autor del tango del futuro en La Plata

Tan fundamental como Piazzolla, el bandoneonista vivió en la ciudad de las diagonales una etapa de esplendor, y hasta fue director del Teatro Argentino. 

La melodía tiene noche y cadencia tanguera. Los cambios de velocidades muestran su ADN; las influencias de alguien que supo maridar los efluvios de la música clásica del romanticismo con el sonido del bajo fondo; barroco y tanguero. Un bandoneón omnipresente lleva la canción por Calle 6, así se llama la pieza musical sobre la arteria platense en la que Eduardo Rovira se juntaba con sus amigos y que concibió como una suerte de oda a la ciudad de las diagonales, al seleccionar distintos rincones urbanos para narrar con música el lugar en el que habitó los últimos 20 años de su vida.

Un músico integral, un compositor del futuro de esos rupturistas que se animan a llevar el género lo más lejos posible. Nacido en Lanús el 30 de abril de 1925 pero devenido en hijo adoptivo de La Plata, donde pudo perfeccionar lo mejor de su música de autor con formaciones desde finales de los 50 -Octeto La Plata- hasta su temprana muerte el 29 de julio de 1980 por un paro cardíaco a sus 55 años en su casa de Tolosa de 3 y 520 en la que convivió junto a su compañera Mabel, en la misma vivienda que perteneciera al tanguero Omar Valente. 
 
Rovira fue además polifacético: supo estar al frente de la Banda de la Policía y dirigir el Teatro Argentino. Decimonónico puede ser otra palabra que lo atraviese: esos hombres corridos de los ejes de la época en la que viven o bien que ignoran las modas o sus coyunturas. El arte, en efecto, trasciende años y fronteras y Rovira lo sabía. Cultor de un bajo perfil ante los medios masivos de la época, alguna vez un manager suyo le recomendó inventar el robo de su bandoneón para aparecer en el prime time de las radios AM y se negó ¿Para qué? Contemporáneo del astro de fama mundial, Astor Piazzolla, intercambió elogios con él y hasta hizo seis arreglos a canciones del autor de "Libertango" y "Verano Porteño". Si Piazzolla se convirtió en uno de los popes del tango de vanguardia, Eduardo Rovira fue otro. 

Eduardo Rovira es el nombre y apellido de uno de los compositores más originales del tango contemporáneo en Argentina. Desde la génesis del Octeto La Plata con músicos de la ciudad de las diagonales a fines de la década del 50, de la que no hay registro grabado. El conjunto estaba formado por él mismo en bandoneón dirección y arreglos; Leopoldo Soria, piano; Reynaldo Nichele, primer violín; Ernesto Citón y Héctor Ojeda, violines; Mario Lalli, viola; Enrique Lanoo, violoncelo y Fernando Romano, contrabajo. 

El Octeto La Plata fue uno de sus grupos de vanguardia

Inquieto e inconformista, luego fundó en La Plata un septeto llamado Agrupación de Tango Moderno que estuvo integrado, además de él, en bandoneón, dirección y arreglos, por Hugo Baralis (violín solista), Ernesto Citón (violín), Héctor Ojeda (violín), Mario Lalli (2do. violín), Enrique Lannoo (violonchello), Fernando Romano (contrabajo) y Leopoldo Soria (piano). Sacaron discos fantásticos como Tangos en una nueva dimensión (1961), Opus 4 Suite Ballet (1962), Tango Vanguardia (1963) y Que lo Paren (1975). 

Cultor de un bajo perfil ante los medios masivos de la época, alguna vez un manager suyo le recomendó inventar el robo de su bandoneón para aparecer en el prime time de las radios AM y se negó ¿Para qué? Contemporáneo del astro de fama mundial, Astor Piazzolla, intercambió elogios con él y hasta hizo seis arreglos a canciones del autor de "Libertango" y "Verano Porteño".

Otro de sus conjuntos épicos estuvo bajo el formato Eduardo Rovira trío, junto a Rodolfo Alchourrón en guitarra eléctrica y Fernando Romano en contrabajo y grabó los discos Tango en la Universidad (1966) y Sónico (1968). Fue en 2006 cuando la Universidad Nacional del Litoral reeditó A Evaristo Carriego, un mix de piezas que juntan composiciones de su formato en trío y de su septeto, al tiempo que por esa época salió Tango Vanguardia, cuya reedición fue realizada por Sony en la serie “Renovadores del tango”. 

Una serie de visitas tuvo Eduardo Rovira a Radio Universidad. En una recuerdo que fue entrevistado por Pedro Albarracín, un notable hombre de radio que sabía mucho de ópera y ballet, fue en el año 1972. Dos años más tarde, en 1974, Rovira estrenó “Concierto para bandoneón y Orquesta Sinfónica” en el Teatro Argentino”, cuenta y contextualiza Gustavo Provitina, docente universitario de Cine en la Universidad Nacional de las Artes,  miembro de la academia Nacional del Tango y escritor de varios libros entre donde se destaca “La palabra prendida” sobre conversaciones con Horacio Ferrer.

Provitina condujo durante años un programa importante en Lr11 Radio Universidad Nacional de La Plata que se llamó Los misteriosos espejos, al aire desde 1999.  “Media hora duró esa entrevista de Albarracín a Rovira, en la que el autor habla de música: hace la diferencia entre molde y estilo, habla de Troilo, de Pugliese, habla del tango en general. Habla de su concepción de la música. En esa oportunidad Rovira improvisa un solo de bandoneón en base al tango Ojos negros con toda una estructura muy compleja que él dominaba muy bien: armonías, modulaciones, cambios de tonos. Todo el bagaje de Rovira está puesto ahí. Es increíble. Ojalá pueda encontrar la cinta”, relata Provitina. 

El año 1973 fue otro mojón en la biografía de Eduardo Rovira cuando fue nombrado director del Teatro Argentino, puesto que ocupó durante unos meses y que dejó por problemas sindicales.  

LA BANDA DE POLICÍA

“Concierto para dos oboes” se estrenó en 1973  en el Salón Dorado de la Municipalidad de La Plata y fue la gratitud de Rovira con dos aliados del camino musical. Dos personas que tuvieron que ver con el punto de inflexión para el obrero de la vanguardia en La Plata. El antes y el después. La posibilidad y el puente de poder venir a la ciudad para trabajar en la música de forma estable.  

Antonio Mancuso- por entonces oboísta del Teatro Argentino- junto a su profesor de oboe y vecino de Lanús -Pedro Cocciararo- lo recomendaron para que pudiera arribar en la Banda de la Policía Bonaerense en 1968. cuando casi no había trabajo para tocar tango en el país. Mancuso le alquiló su departamento de diagonal 80 a metros de la estación de trenes y Rovira se incorporó a la banda para tocar el oboe. Apenas el director de la banda, un capitán entrerriano retirado del ejército como músico, Sebastián Lombardo, vio sus cualidades le dijo: “Usted tiene que ser arreglador, Rovira” y así fue como consiguió su trabajo estable con la música hasta su deceso. 

En ese plantel de 120 músicos convivieron notables instrumentistas de importantes bandas de jazz como La Orquesta Pérez Prado o  La Orquesta Típica de Jazz Los Comandantes.  “Eran tiempos muy difíciles para trabajar de la música en la que muchos bandoneonistas, incluido Rovira o Roberto Di Filippo, se pusieron a tocar el oboe porque no había trabajo con el tango”, cuenta Cristian Cocciararo -62 años, hijo de Pedro, oboísta estable del quinteto de vientos de la banda de la UNLP y de la Orquesta de la Facultad de Lanús- y agrega que “la banda fue una época de oro porque ahí adentro había grupos de jazz que se quedaron sin laburo y se incorporaron. Además había grupos de folclore, de tango, tenía un nivel muy alto y se metían ahí para ganarse un mango en tiempos difíciles”.

“Era 1966 cuando me tomaron un examen para entrar en la Banda de la Policía: logré ingresar como sexta flauta. En ese momento en la banda éramos 120 músicos porque se produjo un hecho casi fortuito: se diluyó la banda del Ministerio de Educación de la provincia y le ofrecieron a los músicos pasar a la Banda de la Policía. Se terminó de conformar una banda con músicos increíbles en la que Rovira entró en 1968 y desde esa fecha hasta 1973 fue una época de esplendor de la Banda donde se hizo de todo y hubieron conciertos memorables”, dice el berissense Víctor Hugo Valledor - 72 años, poeta y músico- quien fuera hijo de Víctor. A. Valledor, también integrante del elenco que dirigía Lombardo como fagotista e íntimo amigo de Rovira, con quien conformaron un sexteto de vientos llamado Grupo Musical Argentino

Eduardo Rovira cortándole el pelo a su amigo Valledor

La Banda de la Policía tuvo su apogeo: actuaciones memorables como el Aniversario de Gimnasia en 1968 en la vieja sede del Polideportivo. Allí presentaron el primer arreglo de Rovira, sobre la canción El día que me quieras.

“Me acuerdo que el primer arreglo se estrenó en un Concierto Sinfónico realizado en la Sede de Gimnasia. Todavía se me pone la piel de gallina. Recuerdo que era el aniversario de Gimnasia y siempre se organizaba un Concierto Sinfónico. Empezamos a tocar y la gente lloraba. Era increíble. Nosotros no podíamos tocar de la emoción. El director de la banda, Lombardo, nos decía: ´sigan que ya falta poco´. Yo por suerte rescaté bastante de grabaciones de la banda y del sexteto que tenía con mi viejo que son totalmente inéditos”, dice Victor Hugo Valledor. que entre los tesoros culturales en su casa conserva fotos en la que aparece Rovira cortándole el pelo antes de irse a la colimba y, en un rincón, una partitura original de la Sinfonía número seis de las nueve que hizo Rovira, firmada con una dedicación para su padre. 

Con 120 músicos como elenco estable y la variedad tímbrica de tantos instrumentos, Rovira pudo armar y desarmar distintas agrupaciones para tocar por fuera de la Institución. Contó con la aprobación del director, Sebastián Lombardo, que siempre les remarcó: “Si van a trabajar como músicos están autorizados, ahora si lo van a hacer como albañil, no”. Exploró con su bandoneón, el oboe o el corno inglés en dúos, tríos, cuartetos, quintetos o sextetos, en lo que hacía arreglos de repertorio de tango y folclore.  

Junto a Rodolfo Alchourron, destacado guitarrista argentino

“El tiempo de trabajo en la Policía Bonaerense, fue su campo de prueba. No sólo funcionaba como banda para actos, además tenía grupos pequeños para tocar en distintos conciertos”, dice Paula Mesa- investigadora, música, docente de la Facultad de Artes de la UNLP - que realizó su tesis doctoral en 2012 sobre la obra de Rovira. 

“Fue un puente de evolución para todos nosotros como músicos. Yo creo que él estaba muy ligado a la poesía en su concepto de la música: ´dejemos que el otro sienta lo que yo le estoy dando, no darle todo resuelto´”, dice Victor Valledor sobre el rol de Rovira en la Banda que supo ser emblema de la ciudad. Recuerda que, a días de un concierto, las calles amanecían empapeladas con sus afiches y que pudieron llenar salas del viejo Teatro Argentino. O dar conciertos memorables en el Teatro del Lago del bosque mientras la gente salía de los estadios de Estudiantes y Gimnasia y quedaban parados sobre las pérgolas para verlos. “ Todo sucedió entre 1968-1973, que para mí fue la época dorada de La Banda”, concluye Valledor. 

Víctor Valledor muestra la partitura que Rovira le dedicó a su padre

NUEVOS PLIEGUES 

Casi 40 años después, la música de Rovira reverdece. “El futuro llegó hace rato”, debió pensar Ariel Eberstein , un contrabajista oriundo del barrio porteño de Villa Crespo que vino del rock cuando se metió a estudiar su instrumento y exploró nuevos horizontes. De la música clásica al tango de vanguardia donde se topó con Rovira para siempre. Escuchó un tango del futuro, electrónico, porque fue el pionero en usar el bandoneón con pedal de distorsión y amplificado. Eberstein escuchó y no lo pudo creer. Así fue como años más tarde, en 2015, fundó la banda Sónico -tal como el disco de 1968 de Eduardo Rovira Trío-, conformada por Stephen Meyer en violín;  Lysandre Donoso en bandoneón;  Alejandro Schwarz en guitarra eléctrica; e Ivo de Greef en piano. Al día de hoy, el grupo tiene tres discos editados: “Eduardo Rovira, La otra vanguardia” (2018), “Inédito e Inconcluso” (2020) y “Piazzolla- Rovira, The edge of tango” (2021). 

Todos le rinden su merecido homenaje y reivindicación pero del otro lado del Atlántico ¿Desde dónde? El centro de Europa, Bruselas, Bélgica, desde donde Eberstei vive desde 2003. 

 “A Rovira lo descubro en un momento de crisis personal en el que también decido acompañar a un amigo cantautor que tocaba en la calle en Bélgica. Yo le propuse además de armar una banda para sus canciones, hacer una parte instrumental con trío de guitarra eléctrica, contrabajo y bandoneón. Así es cómo me pongo a buscar música argentina y descubro el disco Sónico de Eduardo Rovira y me alucinó”. Y agrega: “Lo que más me impresionó de ese disco es lo cambiante de la propuesta, cómo varía de humor, de ideas, todo sucede en fracción de segundo. Y, por otro lado, los colores como si fuera un cuadro impresionista donde la búsqueda del color es algo muy importante y es algo que yo nunca había escuchado en el tango”. 

El grupo Sónico viene a La Plata desde Bélgica

CANCIONES DE LA PLATA 

El segundo disco de Sónico, “Inédito e Inconcluso”, es una arqueología de piezas de Rovira que no vieron la luz y en la que aparecen las referencias a la ciudad de La Plata con canciones como Calle 6, Tango para el profe -dedicado al profesor de Estudiantes campeón del mundo con Zubeldía, Jorge Kistenmarcher- y la Depre -dedicado a un psicólogo amigo de Rovira- mientras que Taplala, la canción que el obrero de la vanguardia le compuso a La Plata, está en el primer disco de la agrupación belga y su versión original se puede escuchar en el disco “Que lo paren” de La Agrupación de Tango Moderno.

Según datos oficiales, Rovira es autor de 200 tangos y 100 arreglos para orquestas. Hay composiciones que no fueron registradas y se estima que la cantidad podría ser el doble. Una máquina de componer en largas noches de café y cigarrillos. Fue arreglador de Chabuca Granda -la gran cantora del Perú- en canciones como Fina Estampa al tiempo que hizo arreglos de acompañamiento para Susana Rinaldi en 1966. Su mejor época -según los conocedores de su obra- fue la década del 60, en la que formó con músicos platenses su primera formación “Eduardo Rovira y su agrupación de Tango Moderno”. No obstante, él venía de tocar y grabar con su bandoneón en distintas orquestas de la época de oro del tango, la denominada Guardia Nueva hasta 1955 con la caída de Perón, como las de Osvaldo Pugliese, Osvaldo Manzi y Alfredo Gobbi. 

Ariel Eberstein cuenta que con Sónico llegaron a tocar en lugares impensados: desde una sala magnífica en Letonia a que uno de sus conciertos fuera transmitido por la TV pública de Bélgica o ya estar al borde de la tercera gira por Latinoamérica en la llegarán a La Plata el 22 de septiembre. Será por segunda vez la visita a las diagonales porque el primer aterrizaje sucedió en 2018 cuando tocaron en la Casa Pesci -53 entre 5 y 6- con amigos y ex músicos de Rovira presentes en el auditorio. “Fue una experiencia muy bonita y muy emocionante porque la música de Rovira hacía muchos años que no se tocaba en La Plata”, sintetiza Ariel Eberstein, uno de los fundadores de Sónico, con quienes se animaron a juntar en su última producción a los dos máximos exponentes del Tango de Vanguardia: Piazzolla- Rovira. 

ANTINOMIAS SON PURO CUENTO 

Es inevitable comparar la música de Eduardo Rovira con la de Astor Piazzolla porque el oído los emparenta enseguida. Ambos se reconocieron en ser tocayos del bandoneón y hacer avanzar el género con propuestas disruptivas. La constante tensión con la tradición del tango: a la par estuvieron inmersos en la nueva guardia  pero después fundaron la vanguardia que es un tercer y último momento de la Historia del Tango. Ambos tienen influencias de la música clásica en los contratiempos, de Bach, Bartók y Stravinski, por citar genealogías comunes donde el barroco se vuelve primo de la milonga. Pero Rovira va un paso más allá al utilizar el dodecafonismo de Schönberg y lo atonal al tiempo que en algunas piezas como “Que lo paren” se puede escuchar la fusión del malambo que viene del folclore surero argentino. En Piazzolla también se puede identificar la fuerza vital de la melodía, que se vuelve de algún modo su sello inconfundible de autor en piezas como Adiós Nonino y Libertango. 

Junto a Astor Piazzolla

Sin embargo, la diferencia más notoria es la popularidad que alcanzó el tiburón de Mar del Plata en 1969 cuando en el Festival de San Remo de Italia le dieron la segunda mención por Balada para un Loco y ahí se le abrieron las puertas del mundo desde Europa. “A partir de esa fecha Piazzolla tuvo su reconocimiento internacional y hubo personas que se fueron acercando a la obra”, dice Paula Mesa, licenciada en composición musical y docente de la Universidad de La Plata y agrega, en comparación con Piazzolla: “La gira internacional que Rovira hizo por Portugal y España fue compleja y complicada. El reconocimiento internacional no lo tuvo y además él tampoco lo buscó”.

El crítico musical Santiago Giordano escribió en Página/12, a propósito de los 40 años de la muerte de Rovira, que fue en 1961 cuando deslumbró en un concierto realizado en la Facultad de Medicina de la UBA. Allí asistió el mismísimo Astor Piazzolla. También dice que en un momento subió al escenario y tocó con Rovira. Sin embargo, forman parte de algunos mitos el cruce entre ellos. Según el historiador y periodista cultural Sergio Pujol, "el único concierto en que se cruzaron - sin tocar juntos - sucedió en el boliche Gotán del Tata Cedrón en 1966. Tocó primero Astor con su quinteto. Se saludaron en los camarines. Luego subió Rovira y Astor se fue después del primer tema”.

La música de Rovira se investiga en todo el mundo

Lo real es que Piazzolla, después de pasar la rompiente de la fama, abrió también el grifo a que puedan compartir un público similar que hasta el día de hoy tiene sus afluentes del mismo río: el tango de vanguardia. entre lo académico y lo intelectual.  

En el gran La Plata aún quedan testimonios vivos sobre Eduardo Rovira como el de Víctor Hugo Valledor, que ahora prepara el mate en su casa berissense de calle 163 y se dispone a poner play a un CD que logró recuperar de una cinta en vivo de la primera presentación de la Banda con Rovira de arreglador. La cinta corresponde al día del Aniversario de Gimnasia, a finales de los 60. Son una formación de 90 músicos que suena poderosísima. 

Víctor pone play y después de la fritura asoma El día que me quieras en un solo de oboe que da lugar a un redoblante, suspenso y la atmósfera para que entre toda la banda que insinúa la melodía pero se desvanece mientras entra el piano con notas sutiles y parece una proyección de imágenes de cine mudo. Victor tiene los ojos acuosos. Está de viaje de nuevo por ese momento épico. Lo recuerda. Lo vuelve a pasar por el corazón cada vez que lo escucha y al mismo tiempo lo revive a Rovira mientras pone su música que sigue más vigente que nunca.

Ahora que es septiembre y un día después de la primavera, llegará Sónico desde Bélgica a La Plata para volver a poner la obra de Eduardo Rovira en la cartelera del Teatro Argentino y demostrar que aún sigue siendo el compositor del futuro. En el mismo Teatro Argentino que el notable bandoneonista supo ser director, hace casi cincuenta años.