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La historia de la primera consola de videojuegos argentina creada y diseñada en La Plata

La historia de la primera consola de videojuegos argentina creada y diseñada en La Plata

Hace 50 años, Mario Díaz tuvo la idea de desarrollar un sistema conectado a la tevé para que los chicos aprendan. “Me decían que estaba loco”, recordó.

"Este soy yo", dice Mario Luis Díaz y con su dedo índice señala una fotografía colores sepia en la cual se puede ver una familia integrada por dos adultos y dos chicos. "Nací en el desierto, cuando abrí los ojos no se veía nada más que campo y campo".

Unos segundos más tarde, se sienta delante de una computadora y le da play a un breve video que atesora algunos de los momentos más importantes de sus 83 años de vida: su infancia en Leandro N.Alem, su paso por la colimba, su primer trabajo, la inauguración del Laboratorio Hiroshima de La Plata y la creación y presentación de la primera consola de videojuegos hecha en Argentina, la VideoJuel.

Por aquel entonces, en 1972, nadie imaginaba que la tevé podía ser utilizada para hacer otra cosa que no sea para sentarse a ver un partido de fútbol, películas o programas cómicos. “Era muy difícil, la gente no entendía. Veía que se podía hacer cosas conectándolas al televisor y se me ocurrió crear una consola para que los chicos aprendan, no solo para jugar”, relata Díaz y recuerda: “Me criticó un tipo porque había un juego que era inentendible porque decía que había que llevar el tanteador en la cabeza. Justamente lo diseñé así, para que los chicos lleven la cuenta y aprendan. Lo podríamos haber hecho pero no quise”.

“Era muy difícil, la gente no entendía. Veía que se podía hacer cosas conectándolas al televisor y se me ocurrió crear una consola para que los chicos aprendan”, recuerda Mario

La historia de Mario Díaz no puede resumirse en solo unos cuatro minutos de video. Ya desde chico en Leandro N. Alem, un pueblo de la provincia de Buenos Aires ubicado a 35 kilómetros de Junín, se las ingeniaba para reparar los radiotransmisores de los campesinos de la zona. “El avance del transitor es lo que abrió la historia, fue la revolución más grande para unir a la familia que yo conozco. La gente de los lugares alejados no escuchaba nunca nada, no podían hacerlo. Mi propaganda era, cuatro pilas 400 horas. No me creían”, apunta. En ese momento, se levanta de la silla y con la misma energía y emoción que chico de 12 años fue a buscar una valija negra, en la cual guarda la Videojuel.

Mario Díaz abre el cofre negro y se ve la Videojuel, su propio invento

Durante toda la década del ’50, hizo sus estudios por correo de la academia Pitman, cursos en Phillips, obtuvo su diploma de técnico de televisión de la Asociación Radio Instituto, entre otros. Luego, en 1960, llegó a La Plata para hacer la colimba. Estuvo en la Infantería de Marina en el BIM III, ubicado en el predio de 52 y 122 donde en actualmente funcionan las facultades de Humanidades y Psicología de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). “En ese momento ya era técnico. Los oficiales descubrieron que armaba radio y me pedían que se las haga para ellos”, comenta.

Mientras recuerda aquellos tiempos, Mario toma uno de los joysticks de la Videojuel y fija su mirada en él. Se le escapa una sonrisa. Y los ojos se le inundan de melancolía. El relato de los años en el BIM III es interrumpido cuando toma el rifle de la consola. “Después abrí el Laboratorio Hiroshima, el local lo teníamos en 68 entre 5 y 6. Ahí reparaba radios, planchas y lo que venía. Hacía de todo, esos años eran así. Vos no podías inaugurar un laboratorio y ya está, antes era distinto. Ahora más facilidades con el tema de la publicidad y la presentación del lugar”, explica, al tiempo que agrega: “Estuve dos años armando televisores en dos sillas. Cuando estaba en la colimba salí con cero pesos…cero todo. Un amigo me llevó a cuidar una casa y empecé a trabajar ahí, armando cosas. Me acuerdo que Phillips me dio la autorización para armar y desarmar equipos”.

Hace 50 años, Mario Díaz tuvo la idea de crear un sistema conectado a la tevé

El Laboratorio Hiroshima se hizo reconocido en La Plata de una manera insólita. Todo comenzó cuando los gerentes de la firma Panasonic preguntaron cuántas casas de electrónica hacían service de sus dispositivos en Argentina. Solo uno: el Laboratorio Hiroshima. “Vinieron a verme y se fueron re contentos pero no me pagaban nada. Sin embargo, empecé a darme cuenta que mi negocio estaba en otro lado porque al ser el único service de Panasonic venía gente de todos lados…esa era mi entrada. Si ponía un aviso en el diario me salía una fortuna y venían uno o dos”, manifiesta Díaz. En ese entonces, era muy solicitado para arreglar la radio modelo 443 de la marca japonesa que, según él, no andaban nunca.

En 1972, el mundo conocía la primera consola de videojuegos de la historia: la Magnavox de la firma Oddysey. Fue desarrollada por Ralph Baer y comercializada en los Estados Unidos por la empresa Phillips. Entre sus características se encuentra una serie de tarjetas intercambiables para activar los diferentes juegos, resultado de conectar o no los diferentes circuitos. Traía seis tarjetas y un manual de usuarios de 36 páginas para los doce juegos que ofrecía el sistema.

Mario toma las tarjetas de su Videojuel y recuerda todo

En esa misma época, Mario pasaba día y noche trabajando en su propia consola. La primera hecha 100% en Argentina. Asegura que de la Magnavox solo tomó el modelo en el cual fue diseñado el gabinete. El resto, todo suyo. “Para ese entonces el laboratorio estaba en 18 entre 61 y 62. Y se me ocurrió hacer algo para que los chicos aprendan. Yo venía mirando que se podían hacer muchas cosas para agregar al tevé. Primero se me ocurrió didáctico, mirá vos lo que son las cosas que terminé haciendo un juego. La idea era que los chicos aprendan. Por eso están mezclados los juegos. Eso los demás comerciantes no te lo ponen ni de casualidad. Se vendía todo el paquete como está”, señala.

Mario se levanta unos instantes de la silla para revolver la valija donde está la Videojuel. El “paquete” incluía los juegos, las pegatinas, los dos joysticks y el rifle de plástico. “A esta le falta la fuente”, señala y cuenta que “la recuperé de un pueblo pero todo esto en una tevé vieja funciona”.

No fue un trabajo para nada sencillo. No solo por la tecnología que había en Argentina por aquel entonces sino por todas las complicaciones que Díaz tuvo que afrontar, en el medio hubo inconvenientes con algunos sindicatos que, por diversos motivos, frenaron el desarrollo del sistema. También pasaron otras cosas, como la vez que la Policía lo detuvo por tener en sus manos un rifle. Sin embargo, no era un rifle de verdad. Era uno de plástico que Mario diseñado para uno de los juegos de la consola. “Estaba todo el tema de las guerrillas. Me tuvieron todo el día con un viejito de setenta y pico de años. Justo apareció un compañero de truco que era policía y me salvó. Mi mujer ese día estaba en el Hiroshima y no tenía forma de comunicarme con ella. Entró mi amigo y me dice: ‘¿Qué hacés, Mario, acá?’ Sacó al comisario y hablaron como media hora”, relata Díaz. En ese sentido, recuerda que le pidieron disculpas pero no las aceptó. “El hombre me dijo que de los ocho comisarios amenazados a muerte por los Montoneros, yo soy el único vivo, a los otros los mataron. Yo tengo que avisar a mi familia. Insistió con el pedido de disculpas pero yo tengo que avisar a mi mujer. Si no venía mi amigo no sé cuándo salgo”, detalla.

Mario pasaba día y noche cómo hacer su propia consola. La primera hecha 100% en Argentina

Además del Laboratorio Hiroshima, Mario tenía un cuarto oscuro, similar al de un estudio de fotografía. En ese lugar se hizo el gabinete, los juegos y todos los detalles que hicieron de la Videojuel un producto único en nuestro país. “Llamaba la atención porque los demás ponían perillas. Yo tenía la idea que se iba a ser. Las plaquetas son los juegos. Pensé que si le diseñaba una plaqueta por mes y voy a vender más de 24…sólo llegamos a hacer diez”, expresa.

Mario agarra los controles de los jugadores y analiza los cables. “No sabés lo que costó hacer esto. Nadie quería hacerlo de doce conductores, me lo hicieron de una firma pero me tuvieron un montón de tiempo. Les quería hacer una ficha para que se pudieron sacar pero era más difícil. Entonces los soldamos, la verdad que mucho no podíamos hacer”, afirma.

En cuanto a las pegatinas, éstas fueron creadas para que los chicos tengan guías mientras jugaban. Una manera de facilitarle las cosas y hacer hincapié en que adquieran otros conocimientos.

La Videojuel fue presentada en La Plata en la tradición exposición que se realizaba por aquellos años en el colegio industrial Albert Thomas. El resultado estuvo a la vista enseguida: el stand de Hiroshima fue el más visitado. Tanto por grandes como los más chicos. Es que los presentes estaban asombrados por el rifle y los colores que podían verse en la tevé gracias a las pegatinas. “Era muy difícil porque la gente no entendía. En esa exposición me la pasé al lado del público para explicarle de qué se trataba. Uno me dijo: ‘Mirá que hay tipos locos, este tipo dice que va a jugar con el televisor’. Imagínate que teníamos los juegos conectados en catorce televisores. Atrás todos los equipos de audio”, afirma Díaz.

Una imagen de la feria en el colegio Albert Thomas. Ahí se presentó la Videojuel

Para esa altura de la tarde, su sonrisa es indisimulable.

Y cuenta: “Tenía una cola de dos cuadras en el local de Hiroshima. Los chicos iban a jugar hasta que aprendían. Había una persona para atenderlo…se peleaban por ver quién jugaba más de diez minutos…otros se quedaban 20. Pusimos dos televisores para que jueguen de a cuatro”.

En medio de la charla y tantos recuerdos surge la pregunta inevitable: ¿Qué pasó con la Videojuel? Díaz no duda y contesta enseguida: aparecieron las grandes empresas. “Cuando la fui a patentar apareció Telematch y no pudimos hacer más nada. Era competencia pero ellos tenían poder económico. Estuve en juicio pero después lo retiré cuando falleció el abogado. La verdad que no me interesaba por lo que discutíamos era quién lo patentó primero. No la invención. Me explicaron que me dieron la patente de modelo, no de invención. Eso te lo dan cuando vos hacés algo que no está en el planeta. Uno de Telematch trabajaba en derecho a la propiedad cuando fui a patentar la Videojuel. La verdad que fue mucha casualidad por ellos la sacaron enseguida”, subraya.

"Cuando la fui a patentar apareció Telematch y no pudimos hacer más nada. Era competencia pero ellos tenían poder económico", dice el inventor de la Videojuel

Apurado por los problemas económicos, el sueño de comercializar la primera consola en Argentina quedó trunco y debió irse a Brasil a probar suerte. Allí fue recibido por directivos de la firma Sharp. Sin embargo, no tuvo éxito. “Siempre pensaba que cuando uno va a patentar una cosa y no es más secreto. Hay un grupo de gente que ya sabe. Ahí vino un loco y que dice que con esto se puede jugar al televisor y empieza a desparramar y las compañías empiezan a poner dinero. En Brasil fue a venderlo. Cuando los sindicalistas me dijeron que tenía que asociarme con el banco. Me atendieron en la Sharp. Claro, le quería vender pero no sabía cómo encararlo. Cuando ya decís algo, tenés a ocho ingenieros mirándote que son igual o mejores a vos. Hice un aparato que ustedes pueden jugar con el tevé y chau. Lo hacen en dos segundos. Es invendible de esa forma. Los tipos se portaron bien y me ayudaron. Otros me aconsejaron que lo meta adentro de un cajón y lo ponga en los boliches para los fichines… decían que eso me iba a llenar de plata”, enfatiza.

Alejado de la actividad, Mario disfruta de la tranquilidad de su casa en City Bell. Solo se hicieron 105 unidades de la Videojuel que en la actualidad son una verdadera joya. Al menos así lo define Ricardo Saucedo, una de las personas que tiene una en su poder y la prestó al Museo de Informática de nuestro país para que sea exhibida en una exposición de consolas. “Salió publicada en un aviso en Mercado Libre y la compré. Me llamó mucho la atención porque no había escuchado su nombre. Cuando vi el manual me di cuenta que era hecho en La Plata. Vino en una caja grande, como si fuera el estuche de un instrumento musical. Es una joya porque es algo nacional y por todo el esfuerzo que significó hacer esa consola en los 70. Fabricar un dispositivo de videojuego conectado al televisor, en ese momento era algo de avanzada”, le dijo a Begum el licenciado en Informática y coleccionista de consolas, Ricardo Saucedo. Luego subió las imágenes y la información a su página compuclásico. Lo mismo hizo con el manual. Las consultas fueron muchas.

La Videojuel también fue tema de debate en las redes sociales, luego de que un usuario de Tik Tok publicó un video en el cual mostraba el gabinete, las pegatinas y la forma de los joysticks. Fascinado por la consola, investigó a fondo y logró dar con su creador: Mario Luis Díaz. “Vinieron. Me llamó un chico llamado Federico y vinieron a mi casa. Entre los camarógrafos, especialistas en cibernética y desarrolladores de juegos había 60 personas”, dice y toma una de las placas: “Creían que estaban hechas con un torno pero no”.

Consultado por la elección del nombre del sistema, Díaz explica: “En esos años no había entrada de video en los televisores, se entraba por antena. Ver una cámara en un televisor era una cosa increíble. Entonces le puse que por ‘Video’ y con mi esposa pensamos que lo mejor era completar con ‘Juel’, porque lo que hacía era un videojuego. En esos tiempos no había juegos, se pensaba en enseñar. Por eso muchos les llaman ‘el clon’ porque los juegos eran todos los mismos: el pong, pelota paleta y algún que otro más. No es como ahora que con imágenes que podés crear un personaje ficticio. Le pusimos así para que llame la atención”.

Mario hace silencio por unos instantes. Y fija su mirada en la valija y vuelve a sonreír. Como si la presencia de la consola le trajera más recuerdos de los que relata.  

-¿Te divertiste haciendo la Videojuel?

-Qué se yo- apoya ambos manos sobre la mesa y agarra el rifle de costado.-  Fue un desafío. Por supuesto hubo una gran emoción cuando todo anduvo y se dio por finalizado el proyecto. Tuve una satisfacción muy grande cuando vi que el producto estaba para vender.

La historia de los videos juegos en Argentina está repleta de sorpresas, al igual que la película que muestra Mario. Esa que dura solo cuatro minutos. Pero sin lugar a dudas podría tener la misma duración que una serie. Sino pregúntenle qué pasó con la persona que hizo los rifles de plástico. La historia es increíble. “Sacó todos los transmisores y se llenó de plata. Los vendió todos. Le puso de nombre TKC y venía con los taquitos de goma y un resorte. Lo mío era más caro y menos fructífero. Quiso poner una placa en un local ubicado en la calle Humberto Primo (Ciudad de Buenos Aires) pero no fui más. Cuando me lo contaba yo solo le decía que le ponga el corcho por las dudas”, comenta Mario.

Díaz se define como un futurista y está fascinado con el avance vertiginoso de la tecnología. Incluso, se anima a contar la anécdota de la vez que les dijo a los directivos de Panasonic que los robots iban a tener que empezar a cargas sociales. “Eso lo dijo Bill Gates en el año 2006. Me decían que si no tienen parientes no tenían por qué hacerlo pero yo les explicaba que están sacando trabajo y están produciendo. 39 años después Gates dijo que tenían que pagar carga social, los japoneses me llamaron para decirme que tenía razón”, dice.

¿QUÉ ES BEGUM?
Begum es un segmento periodístico de calidad de 0221.com.ar que busca recuperar historias, mitos y personajes de La Plata y toda la región. El nombre se desprende de la novela de Julio Verne “Los quinientos millones de la Begum”. Según la historia, la Begum era una princesa hindú cuya fortuna sirvió a uno de sus herederos para diseñar una ciudad ideal. La leyenda indica que parte de los rasgos de esa urbe de ficción sirvieron para concebir la traza de La Plata.