Una familia platense dejó todo, se fue a un pueblo de 800 personas y armó un lodge de lujo | 0221
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Una familia platense dejó todo, se fue a un pueblo de 800 personas y armó un lodge de lujo
EN CÓRDOBA

Una familia platense dejó todo, se fue a un pueblo de 800 personas y armó un lodge de lujo

La pandemia fue la excusa ideal para que el matrimonio diera el salto para irse a vivir lejos de la ciudad y disfrutar de la naturaleza.

30 de noviembre de 2021

“Nuestra vida en la ciudad era hermosa, teníamos trabajos que nos gustaban, la casa que queríamos, las comodidades que necesitábamos y, lo más importante, los amigos y familia cerca. Entonces, cuando uno está en su zona de confort es la posición más incómoda para dar el salto y eso requiere de una gran valentía”. La que habla es Berenice Grigioni, una joven de La Plata que por la pandemia decidió dejar la ciudad para concretar su deseo de tener un logde de lujo propio en Traslasierra, Córdoba.

Berenice y su pareja, Francisco siempre habían tenido el deseo de vivir cerca de la naturaleza. Sin embargo, los primeros años de casados el objetivo fue la construcción de una casa en un barrio cerca de City Bell. Ambos diseñaron esa vivienda pensando en un espacio cómodo, con gran parque, ambientada con el confort y detalles suficientes para recibir siempre a amigos y familia.

Antes de dar el salto para cumplir su sueño, Berenice había tenido una exitosa carrera profesional. A los 23, comenzó a trabajar en Quilmes, donde llegó a ocupar un cargo general importante y tuvo la posibilidad de viajar por el todo el mundo. Incluso, estuvo en China en varias oportunidades para cerrar contratos millonarios. “Fue sin dudas mi experiencia de mayor aprendizaje a nivel profesional y muchos de mis grandes amigos son de que aquella época. Mi primera gerencia la asumí sin hijos y luego seguí creciendo en la compañía ya siendo madre. El desafío es enorme pero ahí es cuando te das cuenta el enorme potencial que tenemos cuando nos gusta lo que hacemos. No obstante, creo que también es importante saber observarse y darse cuenta cuando esa situación cambia. Con mi marido, Fran, decidimos formar una familia y, cuando ese sueño se volvió realidad, las prioridades se reacomodan. Entonces, Quilmes pasó a otro plano y ahí supe decir adiós. Coincidió con la llegada de mi segunda hija; quería dedicarme a mi familia. Bruno y Antonia se llevan solo un año y diez meses”, dijo en diálogo con La Nación.

Tiempo después, Berenice recibió un llamado desde el Puerto de La Plata para que se hiciera cargo de la Gerencia de Administración y Finanzas. “Fue un gran desafío porque el directorio buscaba darle un gran giro a la administración. Allí trabajé durante casi cuatro años hasta que a inicios de este les comente la decisión que habíamos tomado en familia”, recordó.

Desde que se habían conocido, Berenice y su marido compartían un gusto: recibir invitados, agasajarlos y disfrutar con y a través de ellos. “Creemos que la vida está hecha de lindas experiencias y momentos compartidos. La idea surgió cuando, siendo novios, nos hospedamos en un complejo de cabañas en Mar de Las Pampas. Nos enamoramos del lugar, de la atención de sus dueños, de su historia, de la experiencia que habíamos vivido ahí y desde aquel momento empezamos a soñar con algún día tener el nuestro”, manifestó.

En ese sentido, indicó que el sueño que les hacía “volar la imaginación” no tenía un lugar en el mundo, de hecho no ocupaba sus charlas con amigos. Solo importaba el cómo y el qué. “El cumpleaños número uno de nuestro primer hijo, Bruno, fue el motivo perfecto para planear unas vacaciones sin cruzar las fronteras de nuestra bella Argentina. Así fue que luego de la recomendación de unos grandes amigos llegamos a Traslasierra, en Córdoba. Fuimos en abril de vacaciones y volvimos en julio de ese mismo año a señar un lote en La Población, un pueblo de ensueño al pie del cerro Champaquí con tan solo 800 habitantes. ¡Sin dudas fue amor a primera vista! Con el tiempo hicimos el proyecto de nuestra casa y del lodge que ofreceríamos como hospedaje serrano para parejas”, subrayó.

Con ahorros, comenzaron la construcción. Hasta que antes de fin de 2019 decidieron vender la casa de City Bell que habían planeado y armado con tanto amor para poder hacer realidad su sueño en Traslasierra. “Y si bien arrancaríamos 2020 pensando en construir en City Bell y vivir en la temporada en las sierras, unos meses después nos preguntamos si eso era realmente lo que queríamos o si solo había sido la opción más segura que nos había conformado para poder dar el paso de la venta de nuestra casa”, contó.

En ese momento, Berenice anunció su retiro del Puerto de La Plata en tanto que su marido, que es peluquero y tenía su propia peluquería con un socio y cinco empleados, anunció su salida para dedicarse de lleno al proyecto familiar. “No fue fácil. El negocio funcionaba muy bien y, unos meses antes de la pandemia, pensando incluso en su retirada por nuestro proyecto en Córdoba asociaron un empleado y se mudaron a un local mucho más grande. Pero el parate que impuso el COVID fue un cachetazo. Durante varios meses la peluquería estuvo cerrada, con cero ingresos y muchos gastos fijos. Se mantuvo la nómina, se pagaron sueldos y aguinaldos y finalmente, con todo en orden, Fran se retiró”, aseguró.

Ahora, ambos están disfrutando de esta aventura de vivir en Traslasierra. “Acá estamos con nuestro proyecto hecho realidad, La Singladura. Ese es el nombre con que bautizamos nuestro tan añorado sueño. La singladura es el camino que recorre una embarcación hasta llegar a su destino”, explicó.

Notoriamente feliz, agregó que “no hay destino sin un viaje y no hay realidad sin un sueño. Es un término náutico pero es el que encontramos para representar lo que significaba para nosotros. Hoy es un hecho, un lodge serrano de lujo pensado para amigos o parejas que busquen un espacio de descanso y conexión con la naturaleza cuidando todos los detalles para que el huésped viva una experiencia única y pueda disfrutar de los atardeceres mágicos más bellos que ofrece el valle de Traslasierra”.

Llegaron el 23 de febrero de 2021 con toda su vida en un gran camión de mudanza a La Población. La casa aún no estaba terminada, de modo que se acomodaron como pudieron y ya van varios meses conviviendo con la obra y disfrutando de las clásicas pijamadas familiares.

Lo más curioso de la historia es que Francisco dejó su profesión de peluquero y se reinventó como carpintero. Primero empezó con obras menores como el gallinero y la huerta hasta terminar por hacer los respaldos de cama y camastros para las suites del complejo. Por eso fue rebautizado como “Franpintero”.

Al ser consultados por lo más difícil de cambiar de ciudad, la pareja coincidió en que fue el colegios de sus hijos. En La Plata asistían a una escuela alemana de educación bilingüe y doble escolaridad.

“Acá quisimos acompañar la adaptación de ellos y los anotamos en una escuela de educación Waldorf. Fue un cambio absoluto pero ellos están felices. Entonces, ahora cosechamos trigo para que aprendan a cocinar su propio pan, tejen y bordan. Antonia va a equitación, Bruno a campamentos en la montaña y tienen una conexión con la naturaleza prácticamente simbiótica. Disfrutan del aire libre como nunca antes lo hicieron”, señaló Berenice.

Por último, la joven admitió que perdieron la frecuencia de ver a los amigos y la familia pero asegura que no extraña su trabajo corporativo y “no cambia por nada su nueva oficina con vistas a la sierras”. “Ganamos una tranquilidad que no tiene precio, ganamos tiempo de compartir con nuestros hijos que no se recupera y ganamos muchos nuevos amigos que nos abrieron sus vidas. ¡El balance sin duda, positivo!”, concluyó.

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La pandemia fue la excusa ideal para que el matrimonio diera el salto para irse a vivir lejos de la ciudad y disfrutar de la naturaleza.
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Una familia platense dejó todo, se fue a un pueblo de 800 personas y armó un lodge de lujo

La pandemia fue la excusa ideal para que el matrimonio diera el salto para irse a vivir lejos de la ciudad y disfrutar de la naturaleza.
Una familia platense dejó todo, se fue a un pueblo de 800 personas y armó un lodge de lujo

“Nuestra vida en la ciudad era hermosa, teníamos trabajos que nos gustaban, la casa que queríamos, las comodidades que necesitábamos y, lo más importante, los amigos y familia cerca. Entonces, cuando uno está en su zona de confort es la posición más incómoda para dar el salto y eso requiere de una gran valentía”. La que habla es Berenice Grigioni, una joven de La Plata que por la pandemia decidió dejar la ciudad para concretar su deseo de tener un logde de lujo propio en Traslasierra, Córdoba.

Berenice y su pareja, Francisco siempre habían tenido el deseo de vivir cerca de la naturaleza. Sin embargo, los primeros años de casados el objetivo fue la construcción de una casa en un barrio cerca de City Bell. Ambos diseñaron esa vivienda pensando en un espacio cómodo, con gran parque, ambientada con el confort y detalles suficientes para recibir siempre a amigos y familia.

Antes de dar el salto para cumplir su sueño, Berenice había tenido una exitosa carrera profesional. A los 23, comenzó a trabajar en Quilmes, donde llegó a ocupar un cargo general importante y tuvo la posibilidad de viajar por el todo el mundo. Incluso, estuvo en China en varias oportunidades para cerrar contratos millonarios. “Fue sin dudas mi experiencia de mayor aprendizaje a nivel profesional y muchos de mis grandes amigos son de que aquella época. Mi primera gerencia la asumí sin hijos y luego seguí creciendo en la compañía ya siendo madre. El desafío es enorme pero ahí es cuando te das cuenta el enorme potencial que tenemos cuando nos gusta lo que hacemos. No obstante, creo que también es importante saber observarse y darse cuenta cuando esa situación cambia. Con mi marido, Fran, decidimos formar una familia y, cuando ese sueño se volvió realidad, las prioridades se reacomodan. Entonces, Quilmes pasó a otro plano y ahí supe decir adiós. Coincidió con la llegada de mi segunda hija; quería dedicarme a mi familia. Bruno y Antonia se llevan solo un año y diez meses”, dijo en diálogo con La Nación.

Tiempo después, Berenice recibió un llamado desde el Puerto de La Plata para que se hiciera cargo de la Gerencia de Administración y Finanzas. “Fue un gran desafío porque el directorio buscaba darle un gran giro a la administración. Allí trabajé durante casi cuatro años hasta que a inicios de este les comente la decisión que habíamos tomado en familia”, recordó.

Desde que se habían conocido, Berenice y su marido compartían un gusto: recibir invitados, agasajarlos y disfrutar con y a través de ellos. “Creemos que la vida está hecha de lindas experiencias y momentos compartidos. La idea surgió cuando, siendo novios, nos hospedamos en un complejo de cabañas en Mar de Las Pampas. Nos enamoramos del lugar, de la atención de sus dueños, de su historia, de la experiencia que habíamos vivido ahí y desde aquel momento empezamos a soñar con algún día tener el nuestro”, manifestó.

En ese sentido, indicó que el sueño que les hacía “volar la imaginación” no tenía un lugar en el mundo, de hecho no ocupaba sus charlas con amigos. Solo importaba el cómo y el qué. “El cumpleaños número uno de nuestro primer hijo, Bruno, fue el motivo perfecto para planear unas vacaciones sin cruzar las fronteras de nuestra bella Argentina. Así fue que luego de la recomendación de unos grandes amigos llegamos a Traslasierra, en Córdoba. Fuimos en abril de vacaciones y volvimos en julio de ese mismo año a señar un lote en La Población, un pueblo de ensueño al pie del cerro Champaquí con tan solo 800 habitantes. ¡Sin dudas fue amor a primera vista! Con el tiempo hicimos el proyecto de nuestra casa y del lodge que ofreceríamos como hospedaje serrano para parejas”, subrayó.

Con ahorros, comenzaron la construcción. Hasta que antes de fin de 2019 decidieron vender la casa de City Bell que habían planeado y armado con tanto amor para poder hacer realidad su sueño en Traslasierra. “Y si bien arrancaríamos 2020 pensando en construir en City Bell y vivir en la temporada en las sierras, unos meses después nos preguntamos si eso era realmente lo que queríamos o si solo había sido la opción más segura que nos había conformado para poder dar el paso de la venta de nuestra casa”, contó.

En ese momento, Berenice anunció su retiro del Puerto de La Plata en tanto que su marido, que es peluquero y tenía su propia peluquería con un socio y cinco empleados, anunció su salida para dedicarse de lleno al proyecto familiar. “No fue fácil. El negocio funcionaba muy bien y, unos meses antes de la pandemia, pensando incluso en su retirada por nuestro proyecto en Córdoba asociaron un empleado y se mudaron a un local mucho más grande. Pero el parate que impuso el COVID fue un cachetazo. Durante varios meses la peluquería estuvo cerrada, con cero ingresos y muchos gastos fijos. Se mantuvo la nómina, se pagaron sueldos y aguinaldos y finalmente, con todo en orden, Fran se retiró”, aseguró.

Ahora, ambos están disfrutando de esta aventura de vivir en Traslasierra. “Acá estamos con nuestro proyecto hecho realidad, La Singladura. Ese es el nombre con que bautizamos nuestro tan añorado sueño. La singladura es el camino que recorre una embarcación hasta llegar a su destino”, explicó.

Notoriamente feliz, agregó que “no hay destino sin un viaje y no hay realidad sin un sueño. Es un término náutico pero es el que encontramos para representar lo que significaba para nosotros. Hoy es un hecho, un lodge serrano de lujo pensado para amigos o parejas que busquen un espacio de descanso y conexión con la naturaleza cuidando todos los detalles para que el huésped viva una experiencia única y pueda disfrutar de los atardeceres mágicos más bellos que ofrece el valle de Traslasierra”.

Llegaron el 23 de febrero de 2021 con toda su vida en un gran camión de mudanza a La Población. La casa aún no estaba terminada, de modo que se acomodaron como pudieron y ya van varios meses conviviendo con la obra y disfrutando de las clásicas pijamadas familiares.

Lo más curioso de la historia es que Francisco dejó su profesión de peluquero y se reinventó como carpintero. Primero empezó con obras menores como el gallinero y la huerta hasta terminar por hacer los respaldos de cama y camastros para las suites del complejo. Por eso fue rebautizado como “Franpintero”.

Al ser consultados por lo más difícil de cambiar de ciudad, la pareja coincidió en que fue el colegios de sus hijos. En La Plata asistían a una escuela alemana de educación bilingüe y doble escolaridad.

“Acá quisimos acompañar la adaptación de ellos y los anotamos en una escuela de educación Waldorf. Fue un cambio absoluto pero ellos están felices. Entonces, ahora cosechamos trigo para que aprendan a cocinar su propio pan, tejen y bordan. Antonia va a equitación, Bruno a campamentos en la montaña y tienen una conexión con la naturaleza prácticamente simbiótica. Disfrutan del aire libre como nunca antes lo hicieron”, señaló Berenice.

Por último, la joven admitió que perdieron la frecuencia de ver a los amigos y la familia pero asegura que no extraña su trabajo corporativo y “no cambia por nada su nueva oficina con vistas a la sierras”. “Ganamos una tranquilidad que no tiene precio, ganamos tiempo de compartir con nuestros hijos que no se recupera y ganamos muchos nuevos amigos que nos abrieron sus vidas. ¡El balance sin duda, positivo!”, concluyó.