Del otro lado del árbol, diez años de libros para infancias libres | 0221
Del otro lado del árbol, diez años de libros para infancias libres

Del otro lado del árbol, diez años de libros para infancias libres

Después de la muerte de su hija, Paula Kriscautzky decidió abrir una biblioteca en el parque Saavedra. Hoy, es uno de los lugares más visitados y queridos. 

Diez años de una biblioteca que no es una biblioteca. Una biblioteca que se ha convertido, año a año, en centro cultural y espacio de encuentro, que a un mismo tiempo constituye un hecho a la vez social, público y político en el corazón del parque Saavedra. Escondida entre árboles, grullas y papel picado, es, en definitiva, un lugar de defensa de derechos de niños y niñas: el derecho a jugar, al acceso a la cultura y a soñar.

Son los tres pilares en los que se funda “la biblio”. Siempre pensando que las infancias sean libres y tengan que estar en la agenda pública a partir del arte y la cultura.

Con tono reflexivo y tan entusiasta como en los comienzos, así define a “Del otro lado del árbol” una de sus creadoras, Paula Kriscautzky, quien tras sufrir la muerte de su hija Pilar, de cinco años, decidió abrir un espacio con la idea de promover, en principio, la lectura infantil. Con el correr del tiempo, sin embargo, el proyecto superó ampliamente ese objetivo y se erigió en un ícono cultural de la ciudad.

Ubicada en el área cerrada del parque Saavedra, frente al Hospital de Niños, en 14 entre 66 y 67, “Del otro lado del árbol” es una suerte de casita encantada para miles de chicos y chicas que la eligen para correr, entretenerse y a la vez frenar un rato tanto en el área de lectura como en las hamacas, el subibaja y otros tantos juegos entre los árboles centenarios del parque.

“La biblio” es un lugar para crecer, un sitio maravilloso para encontrarse. Y también para que los adultos debatamos qué queremos para nuestros pibes y nuestras pibas. No es un mero depósito de libros. Pensamos “la biblio” como un hecho político y también como un acto transformador de la vida –se explaya Paula, haciendo un balance de una década cumplida como coordinadora del espacio.

SÁBADOS CULTURALES

Son las cuatro de la tarde de un sábado de octubre y en un escenario montado al aire libre toca la banda “Los Raviolis”. Un nutrido grupo de padres y madres con sus hijos e hijas se acercan, se sientan en mantas, almohadones y puffs, otros bailan y en algunas canciones hay quienes saltan y se atreven a hacer una especie de pogo. Algunos se distraen mirando un barco empotrado entre los árboles -una escultura hecha por el artista Fernando Rigone-, tal vez a la espera de relatos de naufragios, mares y piratas. “Gracias a todxs los que vinieron a cantar, bailar y a reírse de la hermosa montaña rusa que es la crianza”, postearon en Instagram los integrantes de la banda musical luego del show.

"La gestión de encuentros culturales es una pata clave de nuestra existencia”, resalta Kriscautzky, mientras saluda a propios y extraños que pasan hacia el interior de la biblioteca como si fuera un hogar cercano, familiar, que por su colorido decorado invita a ser visitado. Hace unos meses que “Del otro lado del árbol” reabrió totalmente sus puertas. Antes de la pandemia, recibía a 12 mil chicos por año. Los grupos escolares, en rigor, eran los que más visitaban semanalmente la biblioteca, la tercera salida más pedida por la comunidad educativa de La Plata después del Museo y el Zoológico. Y hoy, de a poco, han vuelto a visitarla. 

Fue en agosto de este año, en efecto, que regresaron “los sábados culturales de la biblio”, ya un clásico de los planes de fin de semana en la ciudad. Allí suele haber una ronda de cuentos con la narración oral de la Colección Pilar, una serie de libros editada por la biblioteca y destinada a la primera infancia. Tras el encierro pandémico, y respetando los protocolos sanitarios, la biblioteca volvió al ruedo con diversos eventos para los chicos, las chicas y sus familias. Grullas colgadas, buzones para recoger cartitas y poesías en los árboles habían sido las actividades al aire libre que se hicieron en la cuarentena. En mayo del año pasado sufrió, además, un duro golpe cuando un incendio produjo que se quemaran libros como también un equipo de aire acondicionado, paredes y ventanas. Cinco meses costó la reconstrucción, que contó con el apoyo de una gran parte de la comunidad platense.

“Sentimos en el cuerpo la necesidad de volver con los pibes a la plaza. La biblio es un espacio de socialización, de poder venir a jugar, a reírse, a pasar un buen rato. Anhelamos mucho que este espacio regresara, salir del encierro y de lo privado, ya que este es un espacio gratuito y abierto a todo público. Es una alegría inmensa para nosotros reencontrarnos con la gente y abrazarnos sin miedo”, cuenta Paula Kriscautzky, casi con lágrimas en los ojos.

“Del otro lado del árbol”, con sólo nombrarla, ya es parte de un ritual cultural platense y el último 2 de abril cumplió su décimo aniversario; la segunda ola de la pandemia, cuenta Paula, frenó los festejos que tenían preparados. Ahora, para el 27 de noviembre, se espera la llegada de la conocida banda Pim Pau, y habrá una muestra de fotos con la historia de la biblioteca y estampados en vivo con el logo de “Del otro lado del árbol”. “Son diez años de mucha intensidad y de construcción comunitaria con la gran excusa que es la biblioteca. Crecimos en lo individual y en lo colectivo, con un montón de proyectos, desde poder trabajar en contextos de encierro con nuestra impronta como en recibir miles de pibes de instituciones educativas”, sintetiza el alma máter del espacio.  

Docentes, familia, amigos, periodistas y voluntarios son los que forman parte de la comunidad de la biblioteca; los que se encargan de la atención de la primera infancia, la gestión cultural, la prensa y difusión y hasta de atender los papeles administrativos. Para quien se acerca por primera vez allí, es como si de pronto se sumergiera en un bosque y encontrara un refugio secreto donde siempre parece haber un adulto que abre un libro y relata una historia. Un espacio lúdico que nació como un galpón prestado por la Municipalidad y se fue acondicionando gracias a la solidaridad de miles de personas que se convocaron primero por la red social Facebook y, después, por el boca a boca. 

—El galpón estaba dedicado a eventos municipales, pero con poco uso. Fue todo informal, nos dieron la llave, nos los apropiamos. Hasta hoy seguimos pidiendo un papel que sea una reaseguro más firme, aunque tenemos tanta legitimidad y apoyo en la gente que sentimos que este lugar ya nos pertenece. La biblioteca trasciende lo coyuntural y las gestiones políticas, es un lugar diverso, autogestivo y plural que se propone todo el tiempo tener diálogo con los organismos del Estado. 

Adentro de la biblioteca, mate en mano, sentada en un rincón de sillas y mesas pequeñas pintadas de verde, y rodeada de libros, la que nunca deja ningún detalle al azar es Paula Kriscautzky, 45 años, maestra jardinera de profesión. A su alrededor cuelgan grullas, lámparas de papel y origamis, y a unos metros se encuentra el espacio de “bebeteca”, entre peluches, libritos, almohadones y juegos de encastre. En la entrada, Silvio Brito, uno de los coordinadores de la biblioteca, suele cargar en una computadora un pedido de préstamo. Por los parlantes, suavemente, se escucha el sonido de una canción infantil.

La entrada a la biblioteca podría ser tranquilamente una secuencia de cuento infantil donde niños y niñas pisan un parque y de pronto entran a un espacio fantástico. Buscan hadas y unicornios y en el camino se encuentran con duendes, brujas y personajes hechizados. Hasta que llegan a una casita de colores donde, en sus paredes, hay pintado un mural con el cuento Del otro lado del árbol, de la escritora francesa de origen iraní Mandana Sadat, que narra la historia de una niña que se hace amiga de una bruja. Ése era el libro favorito de Pilar, y sus ilustraciones siguen en el recuerdo de su familia como aquella fantasía que le ayudó a transitar la enfermedad.

“Del otro lado del árbol” abrió sus puertas el 2 de abril de 2011. La elección no fue casual. Ese día Pilar Andicoechea, que había muerto tres meses antes, hubiera cumplido 6 años. Pilar era la hija menor de Paula y del actor Fabián Andicoechea, principales impulsores de este espacio que empezó con los 200 libros que tenían en su casa y que hoy cuenta con más de 9000 socios y 22 mil libros en su inventario, especializado en literatura infantil. La biblioteca abre de lunes a viernes de 9:30 a 17:30 y los sábados desde las 14. Pueden leerse libros al aire libre en las inmediaciones del lugar y quienes sean socios pueden solicitar préstamos domiciliarios.

REVELACIÓN DE UN MUNDO

Ahora pasaron diez años de aquella gesta y Paula habla de un crecimiento “exponencial”, del que aún sigue conmovida. “Lo que ha surgido desde aquel momento donde todo era dolor y cuando abrimos vinieron dos mil personas todas con un libro nuevo en mano, hoy se ha convertido en un espacio referente a nivel local e incluso nacional en relación a la infancia”, explica la docente con orgullo, moviendo sus manos. El primer movimiento, rememora, fue ir conscientemente desde lo íntimo y personal hacia lo colectivo. Abrirse a los “actos de amor” de maestras haciendo almohadones con sus alumnos, abuelas tejiendo mantas, vecinos comprando sillitas y pintándolas: cada objeto de la biblioteca, en efecto, empezó a narrar una historia singular.

Para Paula, además, fue la revelación de un mundo nuevo: si bien conocía la niñez por su trabajo en el jardín, de allí a formar de cero una biblioteca era algo impensado. “Fue descubrir que las bibliotecas populares son muy importantes para sus comunidades, desde sus inicios allá en 1870 cuando arranca su historia en nuestro país. Acá en La Plata a veces me preguntan si la biblioteca no es un espacio caduco por las nuevas tecnologías. En la pandemia continuamos desde la virtualidad, y nuestras redes sociales siempre estuvieron muy activas. Sin embargo uno ve todo el tiempo escenas lectoras ligadas a lo placentero, y en eso no hay manera de reemplazarlas”, y dice que “Del otro lado del árbol” forma parte de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) aunque su principal sostén son las donaciones particulares y el aporte de sus socios.

Pilar iba a la última sala del jardín y estaba aprendiendo a leer cuando le descubrieron una grave enfermedad. Paula dice que con todos sus hijos tuvo una relación especial con los libros pero en el caso de Pilar fue mágica, “un lazo irreemplazable que permitía seguir aprendiendo, viajar, soñar, conocer otras personas, países, dimensiones, tener aventuras”. La enfermedad de Pilar, en rigor, afectaba su parte motora pero no comprometía su capacidad cognitiva. Fue entonces, mientras estaba recibiendo el tratamiento con quimioterapia durante semanas en la Clínica del Niño, que ella y su familia pensaron qué  ocurriría si en alguna sala hubiera libros, crayones y papeles para aliviar las larguísimas horas de permanencia en el hospital mientras se recuperaban. Ese fue el embrión de la biblioteca.

“Mamá, ¿por qué las enfermeras no nos dan también libros y crayones?”, preguntó una vez Pilar, en esos interminables tiempos de reposo cuando estaba internada.

Cuando Paula pensó en la creación de la biblioteca, esa pregunta la tomó como una suerte de bandera: “La idea era inventar un lugar que la representara, un lugar lleno de historias, colorido, lleno de arte. Que los niños no renuncien al juego pese a que estén en situaciones dramáticas o de dolor”.

Aquellos días de febrero de 2011, a un mes de la pérdida de Pilar, escribió una carta pública que fue el puntapié del proyecto: “En este camino tan doloroso que me toca transitar, Pilar inspira mis días…Es apenas el comienzo de una idea que empezó en alguna quimio, intentando sobrellevar los días de hospital y poniéndole a lo que estábamos viviendo una mirada diferente. Por aquellos días imaginábamos lo bueno que sería que existiera una biblioteca infantil ambulante que recorriera las salas de hospital acercando libros de cuentos, claro que en los hospitales reina la asepsia, los protocolos, el sufrimiento y la angustia. Sería largo contarles como esa primer idea se transformó en un proyecto un poco más ambicioso, hoy necesito ayuda para que la biblioteca-taller Del otro lado del árbol… que pronto tendrá su espacio en el Parque Saavedra (cerrado), sea un lugar bello, mágico, creativo e inspirador, en donde la naturaleza y la literatura se fundan para que los niños enfermos o sanos, eso no importa, disfruten de los libros y los árboles. Hay tanto por hacer…hoy quisiera convocarlos en esta cruzada”.

Jamás hubiera imaginado, en aquel momento, cómo iría creciendo el proyecto hasta el presente. Para Paula Kriscautzky hablar hoy de la biblioteca es el disparador para pensar otros temas de infancia, “desde debatir qué queremos para los pibes en una plaza a discutir los espacios de salud y de la escuela”. El boom de “Del otro lado del árbol” fue tan insospechado que ella se convirtió, con el paso del tiempo, en una suerte de consultora cultural. Tras la muerte de su hija Pilar dejó su trabajo de maestra de jardinera y se dedicó tiempo completo a crear la biblioteca. “Es muy fuerte que hoy existan seis bibliotecas activas ´Del otro lado del árbol´ en la provincia de Buenos Aires bajo las premisas fundamentales de la apropiación de los espacios públicos, la gratuidad de las actividades y el motor de la infancia, la cultura y el arte”, relata y sus ojos verdes chispean cuando explica que, al lado de donde está sentada, se inauguró el rincón “Museo del libro”, que rescató colecciones anteriores a 1980. Lo define como un “espacio de nostalgia”, y dice que está destinado a personas de más de cuarenta años que desean reencontrarse con relatos de niñez.

LA CELEBRACIÓN DE LA MEMORIA

çSi bien ha logrado un reconocimiento y apoyo social más que cualquier otra biblioteca de la zona, la tarea sigue siendo ardua: para defender su autonomía, no depende de ninguna entidad privada ni pública y año a año se preocupan por conseguir nuevas líneas de financiamiento. Es parte de la red de Puntos de Cultura y se sostiene principalmente por el aporte de sus socios -una cuota anual de 1.500 pesos por grupo familiar- y por proyectos que como biblioteca popular tienen con los entes municipales, provinciales y nacionales. 

Paula nombra otros hitos: en 2011 construyeron los baños ganando el Presupuesto Participativo municipal; un galpón que fue donando por particulares luego lo reciclaron en el Astilleros Río Santiago; en 2015 recibieron la visita de la escritora Mandana Sadat y en 2019 la de Norita Cortiñas. Lo que destaca, por sobre todas las cosas, es el sentido de permanencia: el hecho de estar diez años ocho horas todos los días en el parque recibiendo pibes y pibas de las instituciones educativas, de generar experiencias culturales como presentaciones de libros, formaciones y capacitaciones para docentes, y articulaciones como el disco de música que hicieron con bandas de rock platense alrededor de canciones infantiles. También menciona los libros que venden de la Colección Pilar. "Todo eso se invierte en recursos humanos, en un seguro de gorra para los artistas y en mantener la biblio siempre colorida y linda", afirma Paula, que no se olvida de subrayar los orígenes. 

Romper las ataduras de los diseños curriculares de una institución, “que te suele achicar y encuadrar”, para trabajar con los libros desde un lugar de disfrute fue el principio fundacional. “Al principio, formamos un grupo con otras maestras jardineras para poder hacer eso que no podíamos en los jardines donde trabajábamos, de hecho una de nuestras biblio en Olavarría partió de la historia de una maestra que abrió un Del otro lado del árbol por esa misma razón. Pero ojo, acá también rompimos con el estereotipo de lo que debía ser una biblioteca”.

Y en ese punto reflexiona largamente: “Queríamos que los chicos tuvieran los libros más al alcance de sus manos, descontracturar el espacio de lectura, el parque también nos da un escenario para que las escenas lectoras se hagan debajo de los árboles. Acá van a encontrar libros de infancia que difícilmente estén en otros lados, los libros de álbumes, por ejemplo. Todo el tiempo nos replanteamos nuestras prácticas. Nosotros nos centramos en el trabajo con el libro pero también apuntamos a crear talleres con las familias, narradores orales, recitales y charlas los sábados”.

La relación con el barrio de Meridiano V es, para Paula, un vínculo con su propia infancia: allí nació y se crio. “Vimos crecer a chicos que venían de bebés y hoy tienen ocho años. Con nuestros socios tenemos una relación cercana, el hecho de estar dentro de un parque es mágico, sabemos a qué escuelas van, si sus padres se separan, todo. Lo pequeño de la comunidad es a la vez lo más grande, pero lo nuestro no es sólo barrial, porque en todo este tiempo recibimos escuelas de Berisso, Magdalena, Punta Indio, Berazategui, y creamos un lazo social. La gente apuesta a los espacios autogestivos que la reman con esfuerzo y amor”.  

Una vez al año, por el subsidio de CONABIP, hacen una compra de libros nuevos en la Feria del Libro. En 2018 Paula viajó a Colombia representado a las bibliotecas populares. Y, además, retomaron las actividades con Casa Cuna: una vez por semana, antes de la pandemia, los bebés visitaban la biblioteca. 

Paula y su equipo de la biblioteca siguen convencidos de algo que escribieron en su Facebook como principio de acción. Un fragmento de ese escrito reza: “Estamos convencidos de que soñar todavía es posible, pero sabemos que los sueños se vuelven realidad sólo cuando nos juntamos con otros, nos organizamos y unificamos esfuerzos para concretarlos. Del otro lado del árbol es un espacio donde se sueña y se trabaja por infancias felices y dónde creemos en la transformación del dolor en acción”.

A cada año que pasa, Paula sigue viviendo cada aniversario como una celebración en la memoria de su hija. “Siempre se mezcla la ausencia y la presencia todo el tiempo, hay gente que habla de Pilar como si la hubiera conocido y llegan con ganas de abrazarnos. Aunque la vida de Pili fue muy cortita, fue intensa y traspasó cualquier tipo de imaginario”.

Y no deja de sorprenderse cómo todos los días se encuentra con chicos y chicas que pasaron tiempo en la biblioteca cuando eran pequeños y hoy ya casi son adolescentes. 

La biblio es un gran reservorio de recuerdos de infancias. Ya han pasado diez años y verlos a ellos es una imagen que gratifica. Siempre decimos que soñar no cuesta nada. Y un enorme sueño es poder seguir replicando el proyecto de la biblio en las plazas de cada pueblo.